ni miau
miércoles 28 de noviembre de 2007
Hace 15 años aproximadamente una de las pibitas del barrio tocó el timbre de mi casa y me preguntó si quería un gatito...
que pobrecito, estaba muy maltrecho y todo el mundo lo corría.
Sin querer mirarlo siquiera le dije:
No (sin rudeza pero con tanta convicción que no se atrevió a insistir).
A los pocos días, marido de aquel entonces, trae algo escondido entre su campera.
- Mirá lo que encontré, casi lo piso en la escalera, ni maullar pudo.
Me morí de amor.
Una cosita insignificante, negra y orejuda asomaba entre su ropa. Cuando pude desengancharlo noté que hervía. No era madre en aquel entonces pero no se necesitaba serlo para saber que el huérfano volaba de fiebre, de manera que instintivamente le di un baño para bajarle la temperatura y le ofrecí un tazón de leche tibia y lo arropé en mi cama.
A la mañana bien temprano lo llevé al veterinario.
- mmmm mirá, está muy mal. Totalmente descalcificado, sufrió muchos golpes, tiene fisuradas las patas traseras, la fiebre es por una infección bastante importante, la dentadura está muy floja, quizás por falta de calcio o los golpes, fijate que ni siquiera maúlla... no hay mucho que se pueda hacer por él, pero... si lo querés intentar...
Así fue como lo alimenté con nestum, leche especial, vitaminas, calcio en la carne picada, dosis extraordinarias de amor a toda hora y otros privilegios... tantos que ni el veterinario salía de su asombro cuando se lo llevé nuevamente "éste sí que tiene más de 7 vidas" y cerramos los controles con un "la vida le dió su última oportunidad"
Era un salvaje. Tanto que durante un tiempo lo llamé satanás.
Como el cuerpo le crecía más lento que las orejas y daba una expresión entre extraterrestre y murciélago, lo llamamos Yoda (una mezcla de sabio, pordiosero y orejudo simpático), aunque a diferencia del personaje de Star Wars, nunca perdió su mirada arisca.
Jamás pudo saltar como cualquier felino, a causa de las fisuras ya cicatrizadas, que probablemente le causaran las patadas humanas.
Jamás consiguió maullar, solo abría la boca y el sonido se negó a salir de sus fauces.
Sin embargo encontró otras formas de comunicarse:
Muchas noches en que vencida por el cansancio no lo escuchaba despertarse, él se encargaba de avisarme de algún modo, que el bebé se estaba moviendo en la cuna, y que "algo" había que hacer.
Fué él, su oído y su olfato, quién me avisó que el calefón tenía una pérdida de gas y no dejó que esa noche me acostara a dormir hasta que no revisara lo que su mirada fija me indicaba.
Era él quién me advertía que alguien estaba por tocar el timbre de mi casa 3 minutos antes de que ocurriera, o cuando la persona aún no había subido los 3 pisos por la escalera. Si la visita era para el vecino, ni pestañeaba.
Con los años tuvo que ceder cada vez más espacio y privilegios.
Primero un peque, luego una gata, después una perra, más tarde una cría de la gata y luego otro peque.
Soportó estoicamente dos mudanzas y se adaptó a todo.
Fue siempre un luchador. La vida, le dió su última oportunidad y la supo aprovechar.
Quizá por eso lo quiero tanto. Quizá por eso lo admiro y lo respeto tanto.
Pero le llegó la vejez, y con ella, la ceguera y una artrosis que le impide más que antes sus movimientos.
Sin embargo sigue en la ruta, aguerrido, empecinado y aferrado a la vida con dignidad, con la misma dignidad con la que un día llegó a mi vida, trepándose a mi cama colgándose por las sábanas con las patas delanteras por no poder saltar.
Fue un "maestro yoda" con todas las letras y en tantos sentidos que quienes no estén familiarizados con los extraños lazos entre humanos y animales no podrán dimensionar.
Me aterra pensar que un día no va a estar, afónico entre mis pies, pateando su plato de comida, haciendo sentir su mirada, su presencia, su silencio ensordecedor.
Mi homenaje es ahora que está con vida, con sus ojos ciegos, con su hocico reconociéndome las manos y sus patas titubeando en el camino...
Viejo ciego, llorabas cuando tu vida era
buena, cuando tenías en tus ojos el sol:
pero si ya el silencio llegó, ¿qué es lo que esperas,
qué es lo que esperas, ciego, qué esperas del dolor?
En tu rincón semejas un niño que naciera
sin pies para la tierra, sin ojos para el mar,
y como las bestias entre la noche ciega
sin día y sin crepúsculo- se cansan de esperar.
Porque si tú conoces el camino que lleva
en dos o tres minutos hacia la vida nueva,
viejo ciego ¿qué esperas, qué puedes esperar?
Y si por la amargura más bruta del destino,
animal viejo y ciego, no sabes el camino,
ya que tengo dos ojos te lo puedo enseñar. (Pablo Neruda)
Por si no lo notaron, desde hace un tiempo tengo (en su honor) una mascota sentadita por allá arriba (en la barra de blogger) que pueden llevar a pasear por la pantalla haciéndole cosquillas con el click del ratón (por supuesto Yoda les agradece los ratones que les acerquen, le harán recordar su días de esplendor...)
que pobrecito, estaba muy maltrecho y todo el mundo lo corría.
Sin querer mirarlo siquiera le dije:
No (sin rudeza pero con tanta convicción que no se atrevió a insistir).
A los pocos días, marido de aquel entonces, trae algo escondido entre su campera.
- Mirá lo que encontré, casi lo piso en la escalera, ni maullar pudo.
Me morí de amor.
Una cosita insignificante, negra y orejuda asomaba entre su ropa. Cuando pude desengancharlo noté que hervía. No era madre en aquel entonces pero no se necesitaba serlo para saber que el huérfano volaba de fiebre, de manera que instintivamente le di un baño para bajarle la temperatura y le ofrecí un tazón de leche tibia y lo arropé en mi cama.
A la mañana bien temprano lo llevé al veterinario.
- mmmm mirá, está muy mal. Totalmente descalcificado, sufrió muchos golpes, tiene fisuradas las patas traseras, la fiebre es por una infección bastante importante, la dentadura está muy floja, quizás por falta de calcio o los golpes, fijate que ni siquiera maúlla... no hay mucho que se pueda hacer por él, pero... si lo querés intentar...
Así fue como lo alimenté con nestum, leche especial, vitaminas, calcio en la carne picada, dosis extraordinarias de amor a toda hora y otros privilegios... tantos que ni el veterinario salía de su asombro cuando se lo llevé nuevamente "éste sí que tiene más de 7 vidas" y cerramos los controles con un "la vida le dió su última oportunidad"
Era un salvaje. Tanto que durante un tiempo lo llamé satanás.
Como el cuerpo le crecía más lento que las orejas y daba una expresión entre extraterrestre y murciélago, lo llamamos Yoda (una mezcla de sabio, pordiosero y orejudo simpático), aunque a diferencia del personaje de Star Wars, nunca perdió su mirada arisca.
Jamás pudo saltar como cualquier felino, a causa de las fisuras ya cicatrizadas, que probablemente le causaran las patadas humanas.
Jamás consiguió maullar, solo abría la boca y el sonido se negó a salir de sus fauces.
Sin embargo encontró otras formas de comunicarse:
- Patear su plato de comida cuando está vacío, para que el ruido nos indique que ya es tiempo de llenarlo.
- Ponerse delante de uno y marcar el camino que quiere que uno siga haciendo un pequeño giro sobre sí mismo que es difícil de describir (se hace seguir hacia su plato de comida, hacia la puerta, o donde sea que él nos necesite)
- Sentarse dentro de la pileta de la cocina o el baño para que abriéramos la canilla si tenía sed (prefería el agua corriente y fresca, nunca el agua estancada... con los años tuvo que acostumbrarse al bebedero común ya que ni siquiera puede trepar a la silla que se le dejaba lista en sus lugares clave).
- y otras formas de comunicación a falta de voz.
Muchas noches en que vencida por el cansancio no lo escuchaba despertarse, él se encargaba de avisarme de algún modo, que el bebé se estaba moviendo en la cuna, y que "algo" había que hacer.
Fué él, su oído y su olfato, quién me avisó que el calefón tenía una pérdida de gas y no dejó que esa noche me acostara a dormir hasta que no revisara lo que su mirada fija me indicaba.
Era él quién me advertía que alguien estaba por tocar el timbre de mi casa 3 minutos antes de que ocurriera, o cuando la persona aún no había subido los 3 pisos por la escalera. Si la visita era para el vecino, ni pestañeaba.
Con los años tuvo que ceder cada vez más espacio y privilegios.
Primero un peque, luego una gata, después una perra, más tarde una cría de la gata y luego otro peque.
Soportó estoicamente dos mudanzas y se adaptó a todo.
Fue siempre un luchador. La vida, le dió su última oportunidad y la supo aprovechar.
Quizá por eso lo quiero tanto. Quizá por eso lo admiro y lo respeto tanto.
Pero le llegó la vejez, y con ella, la ceguera y una artrosis que le impide más que antes sus movimientos.
Sin embargo sigue en la ruta, aguerrido, empecinado y aferrado a la vida con dignidad, con la misma dignidad con la que un día llegó a mi vida, trepándose a mi cama colgándose por las sábanas con las patas delanteras por no poder saltar.
Fue un "maestro yoda" con todas las letras y en tantos sentidos que quienes no estén familiarizados con los extraños lazos entre humanos y animales no podrán dimensionar.
Me aterra pensar que un día no va a estar, afónico entre mis pies, pateando su plato de comida, haciendo sentir su mirada, su presencia, su silencio ensordecedor.
Mi homenaje es ahora que está con vida, con sus ojos ciegos, con su hocico reconociéndome las manos y sus patas titubeando en el camino...
Viejo ciego, llorabas cuando tu vida era
buena, cuando tenías en tus ojos el sol:
pero si ya el silencio llegó, ¿qué es lo que esperas,
qué es lo que esperas, ciego, qué esperas del dolor?
En tu rincón semejas un niño que naciera
sin pies para la tierra, sin ojos para el mar,
y como las bestias entre la noche ciega
sin día y sin crepúsculo- se cansan de esperar.
Porque si tú conoces el camino que lleva
en dos o tres minutos hacia la vida nueva,
viejo ciego ¿qué esperas, qué puedes esperar?
Y si por la amargura más bruta del destino,
animal viejo y ciego, no sabes el camino,
ya que tengo dos ojos te lo puedo enseñar. (Pablo Neruda)
Por si no lo notaron, desde hace un tiempo tengo (en su honor) una mascota sentadita por allá arriba (en la barra de blogger) que pueden llevar a pasear por la pantalla haciéndole cosquillas con el click del ratón (por supuesto Yoda les agradece los ratones que les acerquen, le harán recordar su días de esplendor...)
Etiquetas: familia, homenajes, personales, zoo
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